Desde el maletero del 1.500 (lugar en el que invariablemente me tocaba viajar cuando íbamos toda la familia) veía yo cada año esta estatua del Cid Campeador, que ahora uso como fondo de mi búsqueda de tapas de cloaca. O tempora, o mores habría que decir, aunque no tengo mal recuerdo de esos viajes rumbo al Cantábrico sino todo lo contrario (además, el maletero del 1,500 tenía una especie de asiento desplegable y los niños éramos de goma).

No hay comentarios:
Publicar un comentario